domingo, 19 de julio de 2015

XV (o lo que dice una mirada)


'Tienes la mirada triste',

me dijo mientras yo fijaba la vista en el paisaje.

No sé si ese acto involuntario era fruto de mi tristeza

o simplemente evitaba mirar sus ojos
por miedo a volver a caer en esos dos precipicios
que hicieron que me enamorase de ella.

Y no me culpo, ¿quién no se enamoraría de esos ojos?

Esos ojos cantaban alegría incluso cuando lloraba,
nunca envidiaron los colores exóticos
en los que se esconden algunos ojos
porque ellos tenían luz propia e iluminaban vidas.
Esos ojos tocaban la guitarra, el piano, la flauta,
fotografiaban lo que se ponía delante
para así guardar un bonito recuerdo de lo vivido.
Esos ojos acariciaban lento y vivían deprisa;
abrazaban y daban besos de mariposa con las pestañas,
y nunca se dejaban pisar por nadie; por nada.
Esos ojos tenían la palabra 'hogar' tatuada en las pupilas,
volaban tras las gaviotas para nunca olvidar lo que es libertad,
cantaban, bailaban y dejaban marca bajo la piel.
Esos ojos eran una ventana con vistas a Madrid,
un verso en una antología poética de Neruda,
el despertar de una pesadilla cuando ella me espera al otro lado de la cama.
Esos ojos eran preciosos incluso cuando ella dormía.

Cogí la cerveza y le di un trago justo antes de mirar sus ojos por última vez.

Mi corazón se encogió como quien intenta esconder parte de lo que siente.
Y mentí.
'Ya no te quiero' 
le dije fijando la mirada en algo que solo podía dejar morir.