lunes, 3 de agosto de 2015

XVI (Madrid)


Bailaba tu falda al observar
Madrid desde tus caderas,
y tú, la chica de la eterna sonrisa,
iluminabas las calles
contagiando esa felicidad
a los turistas que aun no conocían
los secretos que se escondían
en esta preciosa jungla de asfalto.
Esos hombres no sabían
que la mejor forma de ver Madrid
es a través de tus ojos, en su reflejo,
que el Retiro no es tan bonito
si no se va agarrado de tu mano,
y que ni la mejor caña de cerveza
puede compararse con el sabor de tus labios.
Esos hombres nunca vieron todos sus monumentos
porque no tuvieron la suerte de verte desnuda,
volverán a casa con un souvenir cualquiera
en vez de llevarse tu recuerdo,
y nunca podrán decir que han pasado su tiempo
en los rincones más bonitos de Madrid.
Pero cómo voy a explicarles que tus suspiros
son el aire de cada día, la brisa en los tejados,
cómo voy a explicar que tu pelo es el amanecer,
que las mejores puestas de sol están en tu cuello,
que el sonido de tu voz es la melodía del atardecer.

domingo, 19 de julio de 2015

XV (o lo que dice una mirada)


'Tienes la mirada triste',

me dijo mientras yo fijaba la vista en el paisaje.

No sé si ese acto involuntario era fruto de mi tristeza

o simplemente evitaba mirar sus ojos
por miedo a volver a caer en esos dos precipicios
que hicieron que me enamorase de ella.

Y no me culpo, ¿quién no se enamoraría de esos ojos?

Esos ojos cantaban alegría incluso cuando lloraba,
nunca envidiaron los colores exóticos
en los que se esconden algunos ojos
porque ellos tenían luz propia e iluminaban vidas.
Esos ojos tocaban la guitarra, el piano, la flauta,
fotografiaban lo que se ponía delante
para así guardar un bonito recuerdo de lo vivido.
Esos ojos acariciaban lento y vivían deprisa;
abrazaban y daban besos de mariposa con las pestañas,
y nunca se dejaban pisar por nadie; por nada.
Esos ojos tenían la palabra 'hogar' tatuada en las pupilas,
volaban tras las gaviotas para nunca olvidar lo que es libertad,
cantaban, bailaban y dejaban marca bajo la piel.
Esos ojos eran una ventana con vistas a Madrid,
un verso en una antología poética de Neruda,
el despertar de una pesadilla cuando ella me espera al otro lado de la cama.
Esos ojos eran preciosos incluso cuando ella dormía.

Cogí la cerveza y le di un trago justo antes de mirar sus ojos por última vez.

Mi corazón se encogió como quien intenta esconder parte de lo que siente.
Y mentí.
'Ya no te quiero' 
le dije fijando la mirada en algo que solo podía dejar morir.

viernes, 22 de mayo de 2015

XIV



Y susurro en tu oído

que amo tu forma
de destruir mi universo,
porque a veces 
el caos, tu caos, 
es la mayor belleza
que puedo echarme
sobre los hombros, 
como la capa de estrellas
que me regalabas
cuando el cielo estaba oscuro
y necesitaba un poco de tu luz.

Y me zambullo en ese punto de tu cuello

que tanto te gusta que te bese
y que hace que tu piel 
me pida a gritos que te folle, 
que encienda la galaxia entre tus piernas 
y ordene tus constelaciones con la lengua,
hasta que el mismísimo Big Bang
salga a gritos por tu boca. 

jueves, 21 de mayo de 2015

Pasados no tan simples.


Llevo meses viviendo
en pretérito imperfecto,
porque nada es perfecto
          si no es a tu lado.


miércoles, 29 de abril de 2015

XIII (o el naufragio de un barco)


Que difícil se hace llorar
cuando estás seco por dentro.
Cuando océanos de letras
separan tus labios de los míos
tirando por la borda
cualquier tipo de alegría
como quien se deshace
de lo que ya no sirve.
Cuando el tequila
te escupe a la cara verdades
difíciles de digerir,
como que tú
no dormirás más a mi lado,
que el olor de tu pelo
ya no vivirá de ocupa
en mi almohada,
ni tus besos serán
los responsables de darme
las mejores "Buenas noches"
y revivirme en las mañanas.

martes, 24 de marzo de 2015

XII


Nadie me avisó
de que me quemaría los labios
si daba demasiados tiros al cigarro.
Ni de que la nicotina de tu cuerpo
consumiría tan rápido lo poco que quedaba de mí.

Nadie me dijo

que ambas caras eran la cruz de la moneda,
y que el futuro había echado a suertes
la fecha en la que te perdería.

Y admito

que te sigo fumando de vez en cuando a escondidas
o simplemente te sostengo en los labios
para ver si desaparece la tristeza de mis ojos

Y cada noche

me lanzo sobre tu recuerdo
sabiendo que es un salto sin paracaídas
y que solo me espera la soledad en el fondo.

E intento besarte a pesar de la distancia y la poca fe,

porque tus besos son lo único que me salva.
Porque las lágrimas saben menos saladas
cuando me miran tus ojos
y las sonrisas más dulces
si salen de tu boca.