lunes, 3 de agosto de 2015

XVI (Madrid)


Bailaba tu falda al observar
Madrid desde tus caderas,
y tú, la chica de la eterna sonrisa,
iluminabas las calles
contagiando esa felicidad
a los turistas que aun no conocían
los secretos que se escondían
en esta preciosa jungla de asfalto.
Esos hombres no sabían
que la mejor forma de ver Madrid
es a través de tus ojos, en su reflejo,
que el Retiro no es tan bonito
si no se va agarrado de tu mano,
y que ni la mejor caña de cerveza
puede compararse con el sabor de tus labios.
Esos hombres nunca vieron todos sus monumentos
porque no tuvieron la suerte de verte desnuda,
volverán a casa con un souvenir cualquiera
en vez de llevarse tu recuerdo,
y nunca podrán decir que han pasado su tiempo
en los rincones más bonitos de Madrid.
Pero cómo voy a explicarles que tus suspiros
son el aire de cada día, la brisa en los tejados,
cómo voy a explicar que tu pelo es el amanecer,
que las mejores puestas de sol están en tu cuello,
que el sonido de tu voz es la melodía del atardecer.

No hay comentarios:

Publicar un comentario