domingo, 7 de diciembre de 2014

XI


Mañana pienso pintarte
los labios color otoño,
para que hagan juego
con las hojas de los árboles
que pisas cuando caminas
y me miras de reojo
para que te siga los lunares.

Mañana pienso perderme

en tus ojos azul invierno,
y arroparme con tus pestañas
que me protegen del frío
cuando la nieve tapa tus colinas
y cae por la curva de tus caderas.

Mañana pienso besarte

donde guardas la primavera,
hasta que te florezcan las canas
y la corriente se lleve tus penas,
y la vida dé dos vueltas de campana
sobre la tangente de tus piernas.

Mañana pienso descubrir

el diluvio de verano
que tienes entre las piernas
y en el que me ahogo
cuando tu cama se convierte
en un campo de batalla
y solo pienso en beberte entera.

Porque mañana,

las cuatro estaciones
pasarán por tu cama,
pero hoy, puedes empezar
por dejarme salvarte el alma.

domingo, 23 de noviembre de 2014

X


Cierro los párpados para sentirte aquí.

Y te juro que aún noto tus uñas en mi espalda

buscando unas alas que no tengo,
y que te empeñaste en encontrar
en otros cuerpos.

Los suspiros que no pude robarte,

y que acabarán en la piel
de desconocidos
que no sabrán leerte los labios.

Desconocidos que no te habrán visto
tocar la guitarra semidesnuda
y con la voz temblorosa
a los pies de tu cama.

Y yo sigo aquí con mis sentimientos

tirados en el suelo, sin recoger,
por si un día vuelves
y me dejas descubrirte las cosquillas.

Me dejas volver a patinar sobre tus piernas,

morderte la nariz,
comerte los sentimientos
que nunca dejaste salir.

Y es que de todas las partes del mundo 

en las que podría estar, 
no se me ocurre lugar mejor 
que tu cuerpo desnudo al dormir.

Y admito que deje

algún punto de tu cuello sin morder,
algún lunar sin contar,
y alguna curva de tu cuerpo sin moldear.

Por eso te digo

que yo seguiré aquí,
por si llega el frío 
y necesitas que alguien te arrope los huesos.

domingo, 16 de noviembre de 2014

IX



Sigo teniendo esa estúpida manía
de morderme los labios al oler tu perfume,
como el que espera la tormenta
cuando ni si quiera ha empezado a llover.

Porque así eres tú,

llegas, empapas y dejas que salga el sol.
Y después te preguntas
por qué hay charcos en tu calle,
por qué sigue lleno de gotas el cristal.

Y yo te respondo

que olvidé coger el paraguas,
que puedes empezar por secarme la cara,
por taparme los rotos.
Que a cambio yo puedo morderte la piel,
pintarte una sonrisa permanente en los labios.

Y te digo que yo seguiré aquí,

tirándome la verdad a la cara,
recordando veranos olvidados
que cayeron en inviernos fríos y solitarios
porque tú no estabas en ellos

Y admito que aun deseo follarte.

Escribir con la lengua
mis mejores versos sobre tu piel.
Porque no he encontrado
papel más precioso que tus piernas,
mejor lugar en el que esconderme
que tus poros,
sitio más bello para agarrarme
que tus clavículas.

Y me dejo llevar por tus lunares,

patino sobre la curva de tu espalda,
escalo sin despeinarme por tu pelo,
bailo entre la magia que haces con las manos,
observo como te quitas las bragas.
Y entonces, vuelve a salir el sol.






jueves, 23 de octubre de 2014

VIII



Hace tiempo que aprendí que no soy bueno controlando mis adicciones.
Que escribo aunque no quiera y bebo aunque no duela el corazón.
Que pienso en tu mente y tus tetas a partes iguales y busco acercarme y alejarme de ti al mismo tiempo.
Que soy un loco con complejo de cuerdo que cree que lee mentes por el simple hecho de creer conocerlas.


Luego están las cosas que me callo; y las que te dije flojito al oído cuando no me escuchabas y estábamos sin ropa que nos tapase los sentimientos.

Cosas tan bonitas que estallaron de la realidad, y entraron en ese libro de poesía que nunca podré recuperar porque se fue con el último beso que nos dimos.
Aún me pregunto como unos labios tan cálidos pudieron dar un beso tan frío, y como las lágrimas no se congelaron en nuestras caras al separarnos.


Y aún cierro los ojos cuando pienso en ti, para volver a verme por dentro y acariciar tus recuerdos; y tus dientes siguen mordiendo mi labio inferior y tiran de él para que no me aleje; y tu mano se agarra a la mía para llevarme a un rincón más apartado donde poder estar solos; y sonríes, y me llamas amor, y dices que no sabes como puedes querer tanto; y todo se rompe, abro los ojos y todo acaba, como siempre, como las historias a las que les falta el final porque alguien lo arrancó por miedo a leer.

lunes, 11 de agosto de 2014

VII


Si hoy muero, 
querría perecer entre tus piernas. 
Con una sonrisa en cuarto creciente 
que mengüe el dolor de tu pérdida. 
No creo que exista lugar mejor. 
Ni sitio en que me sienta más a gusto.

Si hoy el cielo cae sobre nosotros, 
te invito a bailar sobre las estrellas. 
Tan solo tienes que seguir 
los pasos que te marcan las constelaciones. 
Ponte los tacones. 
Prometo ayudarte, 
lo juro.

Si hoy tuviese que gritar algo, 
sería tu nombre. 
En mi cabeza suena jodidamente bien, 
créeme. 
Y quiero compartir esa sensación con el mundo. 
Seguro que más de uno sonríe, 
como lo hago yo. 
Con eso me conformo.

Si hoy olvidase algo, 
serían mis inseguridades. 
Te pediría que olvidaras 
tus braguitas en casa. 
Si el día va bien 
no vas a necesitarlas. 
Te besaría delante de una multitud, 
y guiñaría el ojo a los envidiosos.
En el fondo soy un poco cabrón, 
¿sabes?

Si hoy tuviese que elegir un lugar, 
sería tu cama. 
Te besaría hasta que se me cayesen los labios. 
Te tocaría hasta que el frío se convirtiese en calor. 
Te haría el amor hasta que doliese.
Y juro que no querría ser los muelles en ese momento. 
Ni el suelo.
Ni la pared.
Porque en ese momento sería yo.
Y tú.

Y es que parece 
que lo único que tengo claro 
es que si hoy tuviese que hacer algo, 
sería contigo.

martes, 8 de julio de 2014

VI

En noches como esta, 
sueño que estoy soñando. 
Sueño que el mes de febrero 
perdió su veinte 
bailando borracho en algún bar, 
seguramente buscándote sin éxito.

Sueño con los viajes 
que hicimos en cuerpos 
anestesiados de alegría, 
que se escondía detrás 
de tus orejas sin pendientes, 
y se desprendía 
con cada beso en tu cuello. 
Ese cuello 
que medía 13 besos y un lametazo. 
Esa carita 
que ponías para que no parase 
de buscar nuevos rincones.

Y que bonito cuando rociabas 
con tus polvos mágicos 
nuestro todo, 
y nos movíamos al ritmo 
al que bailaban nuestras lenguas, 
peleando en el ring 
de tu cálida boca. 
Y entonces, 
éramos nosotros 
los que nos creíamos quietos, 
mientras el resto de la habitación 
temblaba a nuestro paso.

Y hoy todavía recuerdo 
cada beso dado 
en cada parte de tu cuerpo. 
Será que tengo 
memoria de elefante 
para tus besos.

También como mordías mis labios, 
y ponías esa carita 
que tanto me ponía, 
y que pedía 
que explorara bajo tus braguitas.

Entonces, te convertías 
en mi octavo pecado capital, 
y descubríamos mientras nos fundíamos 
que 1+1 no siempre son dos. 
Y que dos cuerpos unidos por la pasión 
son la aproximación más exacta 
a mi definición de felicidad.

Y gritar a los cuatro vientos, 
que no hay mejor tobogán 
que tu nariz, 
ni mejor destino al que viajar 
que tu boca. 
Que mi lugar favorito para perderme 
sigue siendo tu pecho.
Que sigo ahogándome 
en la inmensidad de tus pupilas.

sábado, 28 de junio de 2014

V

Busco estrellas 
en un cielo negro como tus pupilas. 
Cazo mariposas 
en estómagos ajenos 
para regalártelas al amanecer. 

Y como mirarte, cuando sé que mi color preferido 
sigue siendo el rojo de tus labios. 
O que mi olor favorito 
es el de tu piel. 
Que tus ojos 
aun son el mejor espejo para mirarse, 
y que tus besos 
tienen ese sabor 
que nunca dejará de gustarme.

Y como odiarte, si me hipnotizas 
con tu mirada minina. 
Si arañas la piel 
hasta tocar un corazón roto 
que dejaste marcado con tu huella. 
Si maúllas con el tono más dulce 
que nunca escucharon mis oídos, 
y muerdes con tus pequeños colmillos 
el secreto de mis labios.

Y como olvidarte, si bailas entre las notas 
de cada canción que escucho. 
Si mi cama no sonríe 
desde que te fuiste 
porque aún sigue de luto, 
esperando tu regreso, 
y los recuerdos 
me comen por dentro, 
dejándome apenas respirar.

sábado, 21 de junio de 2014

IV


Vuelo como hacían los pájaros 
que siempre se posaban en tu espalda. 
Los que cantaban de alegría 
al ver la belleza de tu cuerpo. 

Y ahora. Ahora solo beben de los lagos 
que han formado las lagrimas que salen 
del centro de nuestros corazones. 
Agua salada sabor a sentimientos frustrados. 
A distancia a pesar de tenernos enfrente 
y poder tocarnos con los labios. 

Y ahora. Ahora ya no soy el mismo. 
Y es que cuando tu mundo se parte en pedazos,  
solo queda la posibilidad de romperte con él 
y pegarte de la mejor forma que recuerdas. 
Dándote cuenta de las piezas que han sobrado 
y que no sabes donde colocar. 

Y así uno empieza a sentirse vacío. 

Y que jodida es esa sensación cuando la mano de la que esperabas ayuda 
te ha dado el golpe que te ha hecho caer del todo.
Y que jodido es quererla como si no te hubiese destrozado el alma.
Como si no mezclases cada semana el alcohol
con un pizca de sentimientos por ella.

jueves, 19 de junio de 2014

III.



Cuento las noches que pasamos juntos, 
rasgando las sabanas con besos suicidas 
que acababan saltando por la ventana 
porque allí dentro solo había espacio para dos.

Que fuera hiciese frío no era un problema, 
dentro todo acababa ardiendo con un fuego 
que arropaba tu cuerpo sin tocarlo, 
y que quemaba de la forma más dulce que recuerdo.

Quizás ese fuego hizo que mis cimientos 
acabasen por resentirse. 
O eso me digo cuando veo los escombros 
que no he sido capaz de reconstruir 
y que siguen donde los dejaste.

Y ya no me quedan más labios que besarte. 
Todavía tengo hambre y ya no puedo morder tu cuello. 
No disimules, 
tú también eras un poco caníbal 
cuando nuestras vistas se empañaban 
con el calor del momento 
y parecíamos poseídos por el universo. 
Y entonces nuestro pequeño mundo 
se convertía en nuestro todo, 
y nada importaba tras nuestras murallas.

Y hoy puedo decir que me importaba una mierda si el mundo se caía ahí fuera, 
si el mar se tragaba la tierra y quedábamos rodeados, 
ya que todo lo que necesitaba, 
estaba en esa habitación.

jueves, 5 de junio de 2014

II.


Quizás el problema fue que yo 
entré en coma mientras tú 
estabas en punto y aparte. 
Y no se puede seguir el mismo ritmo 
utilizando distinta ortografía.

Puede que olvidase leer el prospecto 
donde ponía que eres altamente adictiva 
y que la falta de ti produce 
un mono parecido al de las drogas. 
Que te come por dentro.

Quizás debí haber ido viendo que 
tus te quieros se iban desgastando 
con la ropa que nos quitábamos 
y tirábamos al suelo. 
Busca en tu habitación, 
debe estar llena de trozos 
de lo que antes era amor.

También puede que me gustara vivir con una venda sobre los ojos. 
Es fácil cuando vas de la mano de alguien, 
y siempre pensé que todo se siente mejor 
cuando la vista deja de engañarnos. 
Quizás por eso los besos se dan con los ojos cerrados. 
O quizás no, quien sabe.

domingo, 18 de mayo de 2014

I.


Siempre me maravilló ver tu falda levantarse al girar. 
A veces era tan hipnótica 
que olvidaba la vida, 
y solo quedábamos tú y yo.

Y entonces, el tiempo iba más lento.
Como si quisiese disfrutar con
nosotros del momento.
Y me pedía un rato contigo.
Pero yo no te quería soltar nunca.

Un día dejaste de girar.

La orquesta sonaba de fondo.
Pero tú te empeñaste en bailar 
con las manos atadas a la espalda. 
Y así no hay quien siga los pasos de baile.

Tropezamos con algo
que antes no estaba allí. 
El tiempo, envidioso de nosotros,
quería vernos caer. Lo sé.

Y lo consiguió.

sábado, 15 de marzo de 2014

"Cuenta atrás."


De esas veces que te encuentras delante de una bomba a punto de explotar.
No sabes quien la puso ahí ni por qué.
Lo único que sabes es que debes cortar un cable,
y que solo uno va a salvarte.

Piensas esperar al último segundo.
Si todo se va a la mierda, que sea lo más tarde posible.
Pasa el tiempo y sigues aferrándote a lo que un día te hizo feliz,
lo que te hacía sentir arropado y conseguía que soportaras el paso del tiempo.

Pero al darte la vuelta, te encuentras sólo.
La otra persona corrió al ver el peligro.
Esa persona en la que confiabas ciegamente.
Y con ella, un pedacito de ti desaparece.
Y cambias.
Y sabes que no volverás a ser el mismo.

Y es entonces cuando te das cuenta que sin ella,
tirar del cable correcto sería inútil.
Y dejas que explote.
Que salga todo por los aires.
Por mucho que duela.
Por mucho que duelas.