Hace tiempo que aprendí que no soy bueno controlando mis adicciones.
Que escribo aunque no quiera y bebo aunque no duela el corazón.
Que pienso en tu mente y tus tetas a partes iguales y busco acercarme y alejarme de ti al mismo tiempo.
Que soy un loco con complejo de cuerdo que cree que lee mentes por el simple hecho de creer conocerlas.
Luego están las cosas que me callo; y las que te dije flojito al oído cuando no me escuchabas y estábamos sin ropa que nos tapase los sentimientos.
Cosas tan bonitas que estallaron de la realidad, y entraron en ese libro de poesía que nunca podré recuperar porque se fue con el último beso que nos dimos.
Aún me pregunto como unos labios tan cálidos pudieron dar un beso tan frío, y como las lágrimas no se congelaron en nuestras caras al separarnos.
Y aún cierro los ojos cuando pienso en ti, para volver a verme por dentro y acariciar tus recuerdos; y tus dientes siguen mordiendo mi labio inferior y tiran de él para que no me aleje; y tu mano se agarra a la mía para llevarme a un rincón más apartado donde poder estar solos; y sonríes, y me llamas amor, y dices que no sabes como puedes querer tanto; y todo se rompe, abro los ojos y todo acaba, como siempre, como las historias a las que les falta el final porque alguien lo arrancó por miedo a leer.
No hay comentarios:
Publicar un comentario