domingo, 16 de noviembre de 2014
IX
Sigo teniendo esa estúpida manía
de morderme los labios al oler tu perfume,
como el que espera la tormenta
cuando ni si quiera ha empezado a llover.
Porque así eres tú,
llegas, empapas y dejas que salga el sol.
Y después te preguntas
por qué hay charcos en tu calle,
por qué sigue lleno de gotas el cristal.
Y yo te respondo
que olvidé coger el paraguas,
que puedes empezar por secarme la cara,
por taparme los rotos.
Que a cambio yo puedo morderte la piel,
pintarte una sonrisa permanente en los labios.
Y te digo que yo seguiré aquí,
tirándome la verdad a la cara,
recordando veranos olvidados
que cayeron en inviernos fríos y solitarios
porque tú no estabas en ellos
Y admito que aun deseo follarte.
Escribir con la lengua
mis mejores versos sobre tu piel.
Porque no he encontrado
papel más precioso que tus piernas,
mejor lugar en el que esconderme
que tus poros,
sitio más bello para agarrarme
que tus clavículas.
Y me dejo llevar por tus lunares,
patino sobre la curva de tu espalda,
escalo sin despeinarme por tu pelo,
bailo entre la magia que haces con las manos,
observo como te quitas las bragas.
Y entonces, vuelve a salir el sol.
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