domingo, 23 de noviembre de 2014

X


Cierro los párpados para sentirte aquí.

Y te juro que aún noto tus uñas en mi espalda

buscando unas alas que no tengo,
y que te empeñaste en encontrar
en otros cuerpos.

Los suspiros que no pude robarte,

y que acabarán en la piel
de desconocidos
que no sabrán leerte los labios.

Desconocidos que no te habrán visto
tocar la guitarra semidesnuda
y con la voz temblorosa
a los pies de tu cama.

Y yo sigo aquí con mis sentimientos

tirados en el suelo, sin recoger,
por si un día vuelves
y me dejas descubrirte las cosquillas.

Me dejas volver a patinar sobre tus piernas,

morderte la nariz,
comerte los sentimientos
que nunca dejaste salir.

Y es que de todas las partes del mundo 

en las que podría estar, 
no se me ocurre lugar mejor 
que tu cuerpo desnudo al dormir.

Y admito que deje

algún punto de tu cuello sin morder,
algún lunar sin contar,
y alguna curva de tu cuerpo sin moldear.

Por eso te digo

que yo seguiré aquí,
por si llega el frío 
y necesitas que alguien te arrope los huesos.

domingo, 16 de noviembre de 2014

IX



Sigo teniendo esa estúpida manía
de morderme los labios al oler tu perfume,
como el que espera la tormenta
cuando ni si quiera ha empezado a llover.

Porque así eres tú,

llegas, empapas y dejas que salga el sol.
Y después te preguntas
por qué hay charcos en tu calle,
por qué sigue lleno de gotas el cristal.

Y yo te respondo

que olvidé coger el paraguas,
que puedes empezar por secarme la cara,
por taparme los rotos.
Que a cambio yo puedo morderte la piel,
pintarte una sonrisa permanente en los labios.

Y te digo que yo seguiré aquí,

tirándome la verdad a la cara,
recordando veranos olvidados
que cayeron en inviernos fríos y solitarios
porque tú no estabas en ellos

Y admito que aun deseo follarte.

Escribir con la lengua
mis mejores versos sobre tu piel.
Porque no he encontrado
papel más precioso que tus piernas,
mejor lugar en el que esconderme
que tus poros,
sitio más bello para agarrarme
que tus clavículas.

Y me dejo llevar por tus lunares,

patino sobre la curva de tu espalda,
escalo sin despeinarme por tu pelo,
bailo entre la magia que haces con las manos,
observo como te quitas las bragas.
Y entonces, vuelve a salir el sol.