martes, 8 de julio de 2014

VI

En noches como esta, 
sueño que estoy soñando. 
Sueño que el mes de febrero 
perdió su veinte 
bailando borracho en algún bar, 
seguramente buscándote sin éxito.

Sueño con los viajes 
que hicimos en cuerpos 
anestesiados de alegría, 
que se escondía detrás 
de tus orejas sin pendientes, 
y se desprendía 
con cada beso en tu cuello. 
Ese cuello 
que medía 13 besos y un lametazo. 
Esa carita 
que ponías para que no parase 
de buscar nuevos rincones.

Y que bonito cuando rociabas 
con tus polvos mágicos 
nuestro todo, 
y nos movíamos al ritmo 
al que bailaban nuestras lenguas, 
peleando en el ring 
de tu cálida boca. 
Y entonces, 
éramos nosotros 
los que nos creíamos quietos, 
mientras el resto de la habitación 
temblaba a nuestro paso.

Y hoy todavía recuerdo 
cada beso dado 
en cada parte de tu cuerpo. 
Será que tengo 
memoria de elefante 
para tus besos.

También como mordías mis labios, 
y ponías esa carita 
que tanto me ponía, 
y que pedía 
que explorara bajo tus braguitas.

Entonces, te convertías 
en mi octavo pecado capital, 
y descubríamos mientras nos fundíamos 
que 1+1 no siempre son dos. 
Y que dos cuerpos unidos por la pasión 
son la aproximación más exacta 
a mi definición de felicidad.

Y gritar a los cuatro vientos, 
que no hay mejor tobogán 
que tu nariz, 
ni mejor destino al que viajar 
que tu boca. 
Que mi lugar favorito para perderme 
sigue siendo tu pecho.
Que sigo ahogándome 
en la inmensidad de tus pupilas.

1 comentario: