martes, 24 de marzo de 2015
XII
Nadie me avisó
de que me quemaría los labios
si daba demasiados tiros al cigarro.
Ni de que la nicotina de tu cuerpo
consumiría tan rápido lo poco que quedaba de mí.
Nadie me dijo
que ambas caras eran la cruz de la moneda,
y que el futuro había echado a suertes
la fecha en la que te perdería.
Y admito
que te sigo fumando de vez en cuando a escondidas
o simplemente te sostengo en los labios
para ver si desaparece la tristeza de mis ojos
Y cada noche
me lanzo sobre tu recuerdo
sabiendo que es un salto sin paracaídas
y que solo me espera la soledad en el fondo.
E intento besarte a pesar de la distancia y la poca fe,
porque tus besos son lo único que me salva.
Porque las lágrimas saben menos saladas
cuando me miran tus ojos
y las sonrisas más dulces
si salen de tu boca.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario